Lucas 8:40–56 - Cuando parece “demasiado tarde”
En Lucas 8:40–56, Jesús revela que cuando todo parece “ya perdido”, Él sigue siendo Rey. A través de una intercalación providencial, el texto nos enseña tres movimientos del alma ante Cristo: ROGAR (la bancarrota de la autosuficiencia, como Jairo a los pies del Señor), TOCAR (la fe pactual que se aferra a Cristo con la mano vacía, como la mujer que toca el kraspedon del manto), y OÍR (la obediencia de la fe que escucha al Rey por encima del diagnóstico: “No temas; cree solamente”). La frase humana “tu hija ha muerto” es verdad biológica, pero “no molestes más” es mentira teológica: Cristo no llega tarde; Cristo interrumpe para salvar. Su santidad es “ofensiva”: no se contamina con la impureza; la purifica. Su vida no teme a la muerte; la degrada a “sueño” para los suyos. Todo apunta al fundamento final: la Cruz, donde el Santo cargó nuestra impureza y entró en nuestra muerte para darnos limpieza, paz y vida. El cierre del año, entonces, no se vive bajo el credo del cinismo, sino bajo la voz del Rey y los medios de gracia: Palabra, oración y comunión.
